El penitenciario es un mundo hostil, incómodo, solitario, frío y masculino. Sobre todo, masculino. El porcentaje de mujeres que se encuentra privada de libertad baja del 7 % en España. Un porcentaje que se muestra bastante estable y que, en cierto modo, explica que estos centros de los que hablamos hayan sido pensados en su mayoría para hombres. Pero ellas existen y sabemos que tienen otras necesidades que no están siendo debidamente atendidas. Desde el tipo de perfiles psicosociales, hasta el tipo de actividades de reinserción, y reeducación. la perspectiva de género va protagonismo muy poco a poco en la atención a la mujer reclusa. El primer paso es hablar de esta realidad.
La mujer reclusa suele presentar una trayectoria vital muy diferente. Es frecuente que provengan de contextos sociales complejos y adversos donde a menudo han sufrido violencia en todas sus variantes. Desde la verbal, hasta la sexual. El trauma complejo suele estar muy presente en estas mujeres. Y en no pocas ocasiones se combina con problemas de adicción. Los cuales tienen el origen en esos desajustes emocionales que pueden acabar desembocando en la comisión de delitos.
El mundo penitenciario, eminentemente masculino, perpetúa una situación de desigualdad estructural. Ellas, vienen con historias muy concretas que se suelen repetir como forma de patrón social asociado a contextos machistas. Ellas son minoría y como tal, acaban siendo apartadas en pequeños módulos, donde a menudo tienen menos servicios. Lo que se traduce en menos oportunidades. Eso en el mejor de los casos, ya que es frecuente que se vean desplazadas de su ciudad de origen, por la existencia de la escasez de centros con plazas para mujeres. Además, en muchos casos son madres. La entrada en prisión supone una pérdida de rol, una ruptura en la identidad, asociada a ese rol. Y una angustia añadida.
Ellas, cargan un doble estigma. Por un lado, el hecho de haber delinquido. Por otro, haberlo hecho siendo mujeres. La visión social de la mujer la coloca en una posición relacionada con las actividades de cuidados. Cuando una persona que se tiene que encargar de los cuidados de los demás comete una conducta delictiva, automáticamente es excluida de la sociedad. Es esperable a nivel social, que un hombre cometa ciertos delitos si se dan ciertas circunstancias. Pero la sociedad no perdona que una mujer lo haga. Ellas cargan con más culpa, más rechazo y a la postre, mayor dificultad de reinserción.

RUGBY EN FEMENINO
Con este caldo de cultivo, allá por el año 2022 las mujeres privadas de libertad del Centro Penitenciario de Villanubla dieron un ejemplo al mundo. Ellas sabían que el rugby penitenciario existía como actividad. Y se preguntaron a sí mismas, ¿Por qué nosotras no? Después nos lo preguntaron a las personas que llevamos a cabo la actividad, personal técnico del Club de Rugby El Salvador y de Cáritas Diocesana de Valladolid. Les respondimos con otra pregunta. ¿Y por qué no? Así que nos pusimos a trabajar y para el año 2023 formamos el primer equipo de rugby penitenciario femenino de España…
El proyecto de rugby penitenciario no debía replicar al equipo masculino. Debíamos diseñarlo desde la perspectiva de género. Siendo conscientes que muchas mujeres han sufrido violencia física o sexual, devolverles el control de su cuerpo, empleando el deporte para ello, era la mejor forma de empoderar. Basar el trabajo en el grupo, gestionando la presencia de sentimientos ambivalentes de necesidad y miedo. Es la forma que pensamos para reconectar con la confianza en sí mismas. Y sobre todo ayudar a construir otro rol. Pasar de ser interna a ser jugadora de un equipo nos iba a permitir construir una identidad alternativa, clave en procesos de reinserción.
En febrero de 2023 empezamos a trabajar con un grupo de mujeres que en su mayoría no practicaban deporte con regularidad. Por tanto, un equipo físicamente muy justo pero que en ilusión y actitud barría a cualquier otro. Un equipo que nos dio muchas alegrías, más en lo personal que en lo deportivo, y que es lo realmente importante en este proyecto. In contraria ducet es un proyecto de atención y acompañamiento a las personas privadas de libertad en el que usamos el rugby para formar personas. Unos meses después, al finalizar la temporada, el educador del módulo de mujeres nos reconoció que “se pelean menos y las veces que lo hacen, lo resuelven mejor”. No nos sorprendió. Pero no pudimos esconder una sonrisa de satisfacción. Sabíamos que el proyecto iba a funcionar y pronto empezamos a ver los resultados.
Con una participación que ronda el 30 por ciento, siempre que nos preguntan respondemos lo mismo. Si participasen igual los chicos, tendríamos a 150 tíos entrenando en el campo. El módulo de mujeres es pequeño, con una media de 30 personas. Tenemos unas diez-doce chicas comprometidas con el equipo.
Ellas no entrenan para competir, entrenan para retarse, para mejorar, para aprender a esforzarse cuando todo está en contra. In Contraria Ducet no está pensando para entretener a las personas privadas de libertad, o para formar jugadoras o jugadores de élite. Está diseñado y ejecutado pensando en proporcionar nuevas habilidades y aptitudes para que nuestras jugadoras y jugadores tomen mejores decisiones. El campo de entrenamiento es el laboratorio donde experimentamos nuevas formas de comportamiento. Allí, aprenden a responsabilizarse del resto de personas que les rodean, descubren y aprenden valores que les permitirán, una vez finalizada su condena, tener una segunda oportunidad. In Contraria Ducet va de formar personas.
