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ACOMPAÑAR EN MEDIO DE LA FRAGILIDAD: LA REALIDAD ACTUAL DE LAS ADICCIONES

Hablar hoy de adicciones es acercarnos a una realidad compleja, cambiante y profundamente humana. Desde Cáritas Valladolid, el contacto diario con las personas que acompañamos nos recuerda que detrás de cada consumo hay una historia de vida, marcada muchas veces por el sufrimiento, la soledad y la falta de oportunidades. La adicción no aparece de manera aislada, sino que suele ser la respuesta a situaciones personales, familiares y sociales que desbordan a la persona.

Las adicciones vinculadas al consumo de sustancias continúan siendo una realidad muy presente. El alcohol, el cannabis, la cocaína u otras drogas forman parte del día a día de muchas personas que, en un primer momento, no perciben el consumo como un problema. Sin embargo, con el paso del tiempo, este va generando un deterioro progresivo en la salud física y emocional, en las relaciones familiares, en el ámbito laboral y en la propia percepción de uno mismo.

Desde el Programa de Adicciones observamos que, detrás de muchas situaciones de adicción, existen historias marcadas por el sufrimiento, la exclusión o la falta de apoyos. La sustancia aparece como una forma de aliviar el dolor, silenciar el malestar o de sostener una realidad que se vive como insoportable. Por ello, la intervención en adicciones no puede centrarse únicamente en el consumo, sino que debe partir de una mirada integral que tenga en cuenta a la persona en todas sus dimensiones.

Las personas que llegan a los programas de atención lo hacen habitualmente en momentos de gran vulnerabilidad. A menudo arrastran experiencias de fracaso, rupturas afectivas y un profundo sentimiento de culpa. En este contexto, el primer paso es ofrecer acogida. Una acogida que no juzga, que escucha y que reconoce la dignidad de la persona más allá de su adicción.

El acompañamiento que se realiza desde Cáritas se apoya en la cercanía y en la construcción de vínculos de confianza. Crear un espacio seguro de escucha donde la persona pueda expresar su historia, sus miedos y sus expectativas es fundamental para iniciar cualquier proceso de cambio. A partir de ahí, se va caminando junto a la persona, respetando sus tiempos y sus ritmos. El vínculo que se establece con los profesionales y voluntarios es un elemento fundamental, ya que permite sostener procesos largos y, en ocasiones, muy frágiles.

La intervención debe ser integral y personalizada. Incluye el acompañamiento individual, el apoyo emocional y la coordinación con otros recursos especializados, especialmente en el ámbito sanitario y social. Además, se trabaja sobre aspectos básicos que condicionan de forma directa el proceso de recuperación, como la situación económica, el acceso a una vivienda estable o la reconstrucción de los vínculos familiares y sociales.

Los procesos de cambio no son lineales. En el camino aparecen dificultades, retrocesos y recaídas que forman parte del proceso. Desde Cáritas entendemos que estos momentos no anulan lo recorrido, sino que nos invitan a seguir acompañando con paciencia y esperanza. Estar presentes en los momentos de caída es también una forma de sostener y de cuidar.

La realidad de las adicciones sigue siendo un reto para toda la sociedad. El estigma y los prejuicios hacia las personas con problemas de consumo continúan muy presentes, dificultando su integración y su acceso a nuevas oportunidades. Por ello, junto al acompañamiento personal, es necesario seguir trabajando por una mirada más humana y solidaria, que ponga a la persona en el centro.

En este contexto, resulta imprescindible visibilizar la realidad de muchas personas que, junto a la adicción, conviven con patología psiquiátrica. Se trata de situaciones de especial fragilidad, donde el sufrimiento psíquico y el consumo se entrelazan y se retroalimentan, aumentando la vulnerabilidad y el riesgo de exclusión. Estas personas requieren una atención aún más coordinada, comprensiva y continuada, que no las reduzca a un diagnóstico ni a una conducta, sino que reconozca su complejidad y su dignidad. Acompañar a quienes se encuentran en esta encrucijada supone un compromiso ético y social que interpela a toda la comunidad, recordándonos que solo desde una mirada integral, humana y solidaria es posible ofrecer caminos reales de cuidado, recuperación y esperanza.

Desde Cáritas, seguimos apostando por un acompañamiento que nace del encuentro, del compromiso y de la confianza en que el cambio es posible. Porque cada persona, incluso en los momentos de mayor fragilidad, merece ser escuchada, acogida y acompañada en su proceso de vida.

Desde el Programa de Adicciones, Cáritas Diocesana de Valladolid acompañó en 2025 a 247 personas.

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