Acceder a una vivienda y construir un proyecto de vida autónomo se ha convertido en una carrera de obstáculos para miles de jóvenes. A la escalada de los precios de la vivienda, marcada por dinámicas especulativas, se suma un mercado laboral que cada vez ofrece menos garantías de estabilidad y protección. El resultado es que solo el 31% de las personas entre 18 y 34 años vive de forma independiente sin ayuda familiar y la edad media de emancipación alcanza ya los 30,2 años.
Ante esta realidad, las organizaciones que integran la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) denuncian que la actual crisis de acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de exclusión social. En su manifiesto para la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, que se celebra el próximo 7 de octubre bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente», alertan de que disponer de un empleo ya no garantiza una vida digna.
«La crisis habitacional se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la exclusión», señala ITD. Los elevados precios de la vivienda y de los alquileres obligan a muchas personas trabajadoras a compartir piso durante años, endeudarse o renunciar a desarrollar un proyecto de vida autónomo. «Cuando el derecho a la vivienda se subordina a la lógica especulativa, el trabajo pierde su capacidad de sostener una vida digna», advierten las entidades.
La iniciativa subraya que esta situación golpea especialmente a la juventud. Lejos de las expectativas que durante décadas asociaron formación, empleo y bienestar, miles de jóvenes encadenan contratos precarios y salarios insuficientes mientras ven alejarse la posibilidad de acceder a una vivienda. «Muchos jóvenes tienen dificultad para llegar a fin de mes, comparten piso con personas
desconocidas hasta los cuarenta años porque no hay forma de encontrar alquileres asequibles», recoge el manifiesto.
Para visibilizar esta realidad, las organizaciones de Iglesia por el Trabajo Decente celebrarán el 7 de octubre actos públicos en distintas ciudades de España. Bajo una escenificación que contrapone los espacios de exclusión y de inclusión, las acciones mostrarán cómo el trabajo decente constituye la «llave» que permite acceder a derechos fundamentales como la vivienda, la protección social y un proyecto de vida digno. Con esta iniciativa, ITD quiere recordar que la exclusión no es el resultado de decisiones individuales, sino la consecuencia de estructuras económicas y laborales que deben transformarse desde la corresponsabilidad social y las políticas públicas.
Con motivo del Día Mundial por el Trabajo Decente, que se celebra el 7 de octubre, Cáritas Diocesana de Valladolid se suma, un año más, a la convocatoria promovida por la Plataforma Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), de la que forma parte activa. La Parroquia de San Fernando, acogerá a las 20.00 horas una vigilia comunitaria en la que se pondrá en manos de Dios el compromiso colectivo por la dignificación del trabajo y la defensa de los derechos laborales.
La convocatoria está abierta a toda la ciudadanía que desee sumarse a esta jornada de reflexión, oración y compromiso. El trabajo decente es un derecho fundamental que contribuye a la inclusión, la dignidad y la justicia social. Cáritas reafirma su compromiso con esta causa, promoviendo espacios de sensibilización y acción comunitaria.
Tener empleo ya no garantiza una vida digna. Ante la exclusión, trabajo decente.