Después de la bienvenida se reflexionó sobre cómo la acción voluntaria es un gesto que transforma el mundo porque el voluntariado encarna un amor que sale al encuentro y sana, se hace pan y solidaridad, y construye comunidad. Un voluntariado que hace vida el mandamiento del amor, por lo que se dio gracias a Dios con una sencilla oración.
Por último se reconoció el valor del voluntariado para Cáritas, en esta ocasión, en los rostros concretos de las treinta y tres personas voluntarias que acompañan a adultos mayores que renovaron en nombre de todo el voluntariado su compromiso de que cada gesto de acompañamiento lleve luz a muchas personas.
Con el agradecimiento más institucional en las palabras del Director de Cáritas y el envío por parte del Delegado Episcopal, encomendando la tarea de voluntariado a María de Nazareth, concluyó el acto que contó con la participación de ochenta personas entre voluntariado y contratados de Cáritas Diocesana de Valladolid.


















